Por Patricia Favre*
(Lic. en Historia del Arte)


Desde los inicios mismos del Parque del Oeste (actual San Martín) el interés estuvo orientado a sumar a este ambiente natural un importante patrimonio artístico. Durante el segundo mandato de Emilio Civit (1907-1910) fue cuando se realizaron las primeras adquisiciones de obras escultóricas destinadas a su ornamentación. Según consta en un documento de gobierno la intención era incorporar “obras que realzarán lo estético de aquel paseo, ofreciendo a la vez mayores comodidades al público”. Farolas, bancos, fuentes y esculturas constituían el complemento ideal para ese maravilloso entorno natural, al mismo tiempo que otorgaban la impronta europea tan anhelada por la sociedad mendocina de la época. Las primeras décadas del siglo XX fueron fructíferas en la incorporación de obras decorativas, a lo que se sumaría una de las más significativas obras de carácter histórico-conmemorativo: el monumento al ejército de los Andes en el Cerro de la Gloria.

* Los datos han sido extraídos de la ponencia presentada en el Congreso del Centenario del Parque General San Martín, Mendoza, 1996.









Los Portones de ingreso

* Por Patricia Favre

Fue el deseo de dar un acceso apropiado a la magnitud del parque, siguiendo la costumbre de jardines y parques europeos, lo que llevó al gobierno provincial a incorporar estos monumentales portones. Fueron adquiridos durante el gobierno de Emilio Civit a la fundición de “Walter Macfarlaine & C°”, Saracen, Glasgow, de Escocia. Con esta obra el parque quedó desde sus inicios configurado por un espléndido ingreso.

Según consta en registros de gobierno ya en noviembre de 1908 los portones se encontraban colocados. El proyecto de colocación fue realizado por el ing. Juan Molina Civit y la dirección de las obras de construcción del basamento y montaje de los portones quedaron a su cargo. Al año siguiente de su colocación se los elogiaba como una “…grandiosa construcción de fierro fundido, verdadera obra de metalurgia”.

Las obras llevadas a cabo comprendieron también el agregado de dos portones peatonales, fundidos en Mendoza y balaustradas que delimitaban los extremos. Estos elementos fueron retirados durante la remodelación realizada por Ramos Correas a fines de la década de 1930, por lo que los portones que apreciamos actualmente son los que corresponden a la fundición escocesa.
El conjunto se compone de tres portones de hierro, de dos hojas cada uno, unidos por verjas. La abertura del acceso principal posee 6,30 m. de ancho por 6,70 m de alto y las laterales 3,90 m. de ancho por 4,71 m. de alto. Las verjas se encuentran montadas sobre un basamento de piedra (granito) de 0,85 m. de altura. El conjunto alcanza una longitud de 31,50 m. y en su punto más alto 9,40 m. de altura.

La forma de cada portón es recta en los lados y con la parte superior ligeramente curvada. La armadura de las hojas y verjas está constituida por barrotes paralelos y ornamentados con elementos decorativos, con pequeñas variantes en la disposición entre el portón central y los laterales.
En las batientes del acceso principal se encuentra la estilización de columnillas decorativas, gárgolas (animales monstruosos que combinan cabeza de dragón y cuerpo de pez) y cartelas ovaladas, rematando en la parte superior en una crestería formada por hojas de acanto dispuestas en forma de arabesco. En los portones laterales se repiten los mismos motivos decorativos: columnillas, gárgolas y hojas de acanto, rematando en la parte superior por motivos de estrellas y lunas. Las rejas que unen los portones están decoradas en la parte superior con estrellas y lunas alternadas.

Cuando fueron colocados se incorporó en la crestería de cada portón el escudo de la provincia, y en el principal la figura de un cóndor con sus alas desplegadas, otorgando así un simbolismo altamente representativo de Mendoza.

Durante muchas décadas se pensó, tal como afirmaba Gerónimo Sosa, que los portones habían sido encargados por un sultán árabe, Abdul Hamid II, y que habían quedado sin retirarse de fábrica porque una revolución lo había obligado a abdicar, lo que otorgó la oportunidad al gobierno de Mendoza de adquirirlos. Sin embargo, la documentación histórica indica que la compra se realizó con anterioridad a dicha revolución.

Originalmente los portones se encontraban pintados en negro y dorado, pues así lo testimonió el viajero francés Jules Huret, que visitó la provincia en 1909. Sin embargo durante mucho tiempo estuvieron pintados de verde, hasta que en la restauración llevada a cabo a mediados de 1990 el arq. Ricardo Ponte optó por volver a los colores originales. Desde entonces podemos apreciar ampliamente los detalles decorativos de este magnífico conjunto.